Qué trama el mar. Artículo de Luis Salcines sobre un libro de Marisa Campo
Hace unos días se presentaba el último libro de poemas de Marisa Campo, Qué trama el mar.
Marisa es de Asturias, llegó a Cantabria y se incorporó intensamente a la vida cultural de la comunidad sin renunciar a sus orígenes, con los que sigue manteniendo relación cultural y sentimental.
En Cantabria, al mismo clima y al mismo paisaje norteño de su Oviedo, sumó el mar, presente en las páginas de su libro.
Como activista en el ámbito de la cultura hay que destacar su colaboración en la revista Pluma y Pincel, habiendo formando parte del jurado del Premio de Novela José Saramago convocado por CCOO desde Santander.
Pero también participando en los actos a los que se le invita: lecturas poéticas o antologías publicadas en Cantabria en las que está incluida (Nueve novísimos de la poesía en Cantabria, 25 Años de creación poética en Cantabria) o las representaciones alrededor de la música y el ballet.
Qué trama el mar parte de unos versos de la poeta cántabra Marián Bárcena:
“Allí donde la vida no se acaba, guarda un día
para cuando no estés.
Vuelve el rostro al reflejo de quien te ama.
Dile al oído del mundo qué traman las olas.”
Marisa nos presenta un libro unitario, muy elaborado. Muy sintetizado. No ha ido incorporando poemas escritos sucesivamente porque sí, uno detrás de otro, tentación en la que cae el poeta novísimo, sino que ha formado un conjunto bajo una idea común, siguiendo un sutil hilo argumental. De todos modos, cada poema puede leerse independientemente.
Ha sabido esperar, ha ignorado la impaciencia, depurando la selección y huyendo de la tentación de incluir muchos poemas, pese a llevar tiempo sin publicar. Su último libro editado era Cuaderno de Bitácora, de 2003.
Son los suyos poemas sin título, como subrayando la idea de conjunto, que fijan instantes (la niña recordada jugando con un muñeco de trapo, ante un recital, en un café, el vaso detenido en el aire…). Son como imágenes congeladas recuperadas de la neblinosa memoria o del ensueño.
Desvelan personajes (los poetas en la tertulia del café, el camarero hablando con el acostumbrado cliente, el extraño coleccionista, las musas…) a quienes rodea un halo de misterio y muy sugerentes. Aparecen en situaciones, en escenarios muy cinematográficos. Son posibles imágenes en blanco y negro procedentes del cine clásico con una banda sonora con música de saxo o de piano
Pero al mismo tiempo recrean ambientes que tienen una componente de irrealidad: “Te veo como en un sueño”. Siempre en la poesía hay una componente de procedencia irreal.
Los personajes y sus escenarios son al mismo tiempo metáforas sobre la soledad, la muerte, la creación…
“La luna escaparate
de un moderno café,
absuelve regueros
de lluvia.
Muestra siluetas
sobre un turbio azul
oscuro.
En primera línea de fuego,
dos hombres canosos
diseccionan libros
y juran con la palma
de su mano
sobre versos.”
Otro de los territorios que aborda Marisa Campo en las páginas de Qué trama el mar es el del amor. Siempre ha estado presente en su poesía.
Algunos de sus poemas están precedidos de citas de autores clásicos (Platón), contemporáneos (Handke) y directores de cine (W. Allen). Pero asimismo podrían haber sido de procedencia más coloquial o cotidiana:
“Antes de un poema
colocaba una cita.
No siempre era un verso.
Podía ser un pequeño diálogo
tomado de una vieja película.
Las palabras de amenaza
pronunciadas por un mendigo
medio loco.
Fragmentos de conversación
con un extraño.
Una pintada recogida de un muro.
Incluso frases anodinas
extraídas de algún que otro
folleto publicitario.
Letras de canciones que nadie
o muy pocos conocían.
Hay pensamientos
que nadie recoge
y se sentía en deuda
con el mundo.”
Muchos referentes de diferentes lenguajes: literarios, cinematográficos y, sobre todo, musicales. Referencias, por tanto, matizadamente culturalistas, que combina con las que proceden de lo vivido, como se escribe toda la literatura. Vida, estudio y reflexión. Luego, soledad y lenguaje.
Para después intentar comunicarlo a los lectores a través de una economía expresiva, minimalista casi. Poemas breves pero de hondo lirismo;
“Un verso
es apenas
una palabra.
Sólo estertor”.
Un libro de relectura obligada y susceptible de llevar a un escenario por la plasticidad y hondura de las situaciones esbozadas, para enriquecer con música, a partir de la sensorialidad que encierra.
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