Mauro Muriedas. Luis Alberto Salcines

 

“La obra es un sello de la realidad presente, sino no sirve;

es reflejo y testimonio de un determinado momento.

 La vida esté en ella y se proyecta en los que luego la ven”

(Mauro Muriedas)

 

Caja Cantabria ha querido subrayar la importancia artística y humana del escultor Mauro Murieras coincidiendo el final del año del centenario de su nacimiento con esta exposición en el espacio del Palacio de Santillana de Mar.

No es la primera ocasión en la que la entidad cántabra manifiesta interés por la obra de Murieras. En el año 2000 colaboró con la Fundación Jesús Otero para organizar una muestra de sus dibujos en el museo del escultor de Santillana. Ahora, a la exposición preparada, se suma el ciclo de conferencias coordinado por el  Foro La Ortiga que dirige Antonio Montesino, en el que críticos de arte e historiadores de las últimas generaciones como Mónica Álvarez Careaga, Salvador Carretero, Enrique Campuzano, Marta Mantecón y Gabriel Rodríguez reflexionan sobre la obra de los dos escultores, además de la escritora Gloria Ruiz que se aproximará a ellos desde un punto de vista más afectivo y humano. El tiempo transcurrido desde su  fallecimiento, añadido al hecho de no haberse organizado exposiciones en los últimos años en las que hubiese piezas suyas que nos permitiesen recordar su obra, ha incrementado el interés de esta exposición y el programa de conferencias.

La muestra tiene un deliberado acento sentimental. Podría haberse realizado en Torrelavega, la ciudad donde vivió Mauro prácticamente toda su vida. Se ha ha llevado a acabo, sin embargo, en Santillana del Mar, muy cerca de la casa y del Museo Jesús Otero. El espectador podrá visitar la exhibición de Mauro Murieras y las salas del museo de Otero, evocando la personalidad artística y humana de estos dos hombres profundamente buenos en el buen sentido de la palabra machadiana, autores de una obra intensamente humana, en el año en que se conmemora el centenario de su nacimiento.

Mauro Muriedas nació en Barcenilla de Piélagos en 1908. Fue el primero de cinco hermanos. En 1920, al fallecer su madre, se dedica a cuidar vacas en una finca de Cabo Mayor en Santander. Las estampas que vio Mauro desde el primer momento, el ambiente campesino de Barcenilla y la vida ganadera de Cabo Mayor iban a ser reflejadas en sus obras. En sus relieves aparecerán carros como los que hacía su padre. Y las vacas serán algo constante en su obra. Su hijo diría que la vaca era “la maja desnuda de Mauro”. Toda una serie de varia­ciones con un mismo protagonista, pero que reflejarían el costumbrismo y la necesidad  de la vida  y el trabajo  en el campo: vacas pastando, ordeñándolas, herrándolas, dando de mamar a algún ternero, lcerrando el trato en la feria, tirando de un carro,

Dos años más tarde, al trasladarse su padre a Torrelavega, vuelve con su familia. En la ciudad del Besaya residiría hasta su muerte en 1991.

Desde muy joven comienza a trabajar en la RCA de Minas y ayudando a su padre al salir del trabajo en el taller de carpintería que tenía debajo de su casa. En una ocasión llevaron al taller un árbol de dos metros comprado por su padre, Mauro realizó con él su primer intento escultórico: un pasiego de tamaño natural.

Su formación artística se inicia en la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega, dirigida por Hermilio Alcalde del Río, donde se matriculó a finales de la década de los veinte. Allí conoce a otros artistas locales con los que llegaría a tener una gran amistad: Ciriaco Párraga, Eduardo Pisano, Teodoro Calderón, Obregón, Charines…

Después de cumplir el servicio militar  vuelve a la RCA y continúa trabajando en el taller de su padre, situado en aquellos años en Campuzano. En esa época realiza sus esculturas Tío Juan el pasiego, Gente de mar y Sobre la tumba. Casi nadie conocía sus obras. Un día aparecieron por su estudio Ricardo Bernardo, Pedro Lorenzo y Jesús Alonso Peña que estaban organizando el Primer Certamen de Pintura y Escultura de Santander y querían ver lo que hacía Mauro. Tanto les gustó que le invitaron a participar en él. Era el año 1931. El crítico santanderino Simón Cabarga escribió muy elogiosamente sobre Mauro, llamando la atención sobre su obra y  la necesidad de ayudarle con alguna beca.    

Precisamente le llega la oportunidad ese mismo año 1931. La Diputación Provincial le concede una beca para estudiar Bellas Artes en Madrid. Durante su estancia conocería a importantes escultores como Victorio Macho, Emiliano Barral, Mariano Benlliure… y pintores como Vázquez Díaz, entre otros.

Fruto del trabajo de esos años son las exposiciones que realiza en el Ateneo de Santander en 1934 y 1935. Con motivo de ellas, el escritor Manuel Llano, sin conocerle personalmente, destacó su talento artístico escribiendo dos artículos sobre él.

La Guerra Civil le sorprende junto a otros 35 compañeros de Torrelavega que habían sido seleccionados, participando en la Olimpiada Popular de Barcelona. Entre ellos estaban José Luis Hidalgo y Francisco Charines La rebelión militar le impediría aprovechar una nueva beca de la Diputación, en esta ocasión para estudiar en el extranjero.

Durante la guerra estuvo movilizado en los dos frentes. Primero con el ejército republicano, después, al entrar los nacionales en el norte, tras un periodo de militarización en la RCA y cárcel por diversas denuncias por rojo, le enviaron a Pamplona para que se incorporase al ejército de Franco.

Terminada la contienda, durante la cual realizó numerosos apuntes, vuelve a la RCA de Minas. Un año antes se había casado con Tinuca Echaves. Las posibilidades de continuar su aprendizaje artístico se interrumpieron definitivamente. A partir de ese momento se convertiría en un artista autodidacto.

 Hasta su jubilación, en 1975, Mauro Muriedas repartiría el tiempo entre la empresa en la que trabajaba  y  la realización de su obra en el pequeño taller de su casa, primero en la buhardilla que tenía cuando vivió en el Paseo del Norte, luego en la calle Julián Ceballos, su última residencia.

En 1978, con motivo de la creación de la Escuela Municipal de Arte, en un intento de actualizar el espíritu de la antigua Escuela de Artes y Oficios, Mauro Muriedas se incorpora como profesor de talla acudiendo diariamente. Una actividad que revelaba una vocación de servicio y de generosidad similar a su otra dedicación, la Coral de Torrelavega, de la que formó  parte en su junta directiva y en la que Tinuca, su mujer, era solista.  Cuando las voces estaban ensayando, Mauro realizaba numerosos apuntes.

Mauro Muriedas es fundamentalmente un artista de la madera; de castaño preferentemente, a veces de nogal; sobre ella realizó en talla directa sus esculturas y sus relieves, en los que se puede ver la huella de la gubia al arrancar las esquirlas de madera y proporcionarlas una textura especial. También hizo numerosos dibujos, a lápiz o a tinta, unas veces como bocetos para ser llevados a la madera (en la exposición podemos ver tres bocetos de Regreso de la pesca), otras con un valor en sí mismos. En sus últimos años, coincidiendo con su vinculación a la Escuela de Arte, realizó un gran número de grabados sobre planchas de linóleo.

El gran tema de la obra de Mauro Muriedas ha sido el hombre, sobre todo  el hombre que sufre, los perdedores de la sociedad, la gente humilde. Y especialmente el trabajador: campesinos, mineros y pescadores en pleno esfuerzo o descansando, y manifestando en su rostro, en su gesto, la expresión del hondo dolor,  la impotencia y la soledad que hay en sus vidas. Personajes solos o en pareja, en grupo cuando se trata de relieves, por lo general mirando hacia abajo, en un signo a mitad de camino entre la resignación y el dolor.

Son hombres y mujeres con el sufrimiento cargando sus espaldas, recorridos por un viento de tristeza. Cuando veamos una figura de Mauro con las manos entrelazadas, veremos una figura triste, que parece estar esperando algo. Todos los personajes de Mauro parecen estar esperando. Son cuerpos fuertes, pero para el trabajo, que expresan en su cara el sacrificio y las huellas de ese trabajo. Pero ese sufrimiento, es un sufrimiento contenido; la rebeldía -si la hay- es interna; por fuera está el gesto de sumisión, de aceptación, de impo­tencia, que puede, junto con la tristeza, con toda la carga revolucionaria que pueden en­cerrar. En sus personajes se ve una desilusión, un pesimismo histórico. Se les ha roto toda esperanza y sólo les queda la sumisión y so­brevivir. Únicamente recuerdo una obra, Campesino (1965) en la que el grito de exclamación que no se oye no se sabe qué es exactamente, si un “¿por qué?”, o un “basta” rozando la blasfemia.

Algunos de  sus personajes son conocidos, Mauro Muriedas les podía ver por las calles de la ciudad, se inspiraba en ellos, pero por lo general son anónimos, los Sancho Panza que cantó Gabriel Celaya.

Sus personajes—madera en su casa eran parte de Mauro. Cuando todas las mañanas, de jubilado, les limpiaba el polvo, con el cariño con que una madre lava a su hijo, Mauro hablaba con ellos, y su impotencia y rebeldía contra la injusticia se mezclaba con el cariño que les tenía.

“Mi obra trata de expresar la vida de los demás, del que sufre. La vista me hace captar una tristeza que luego inyecto en la obra. No es nada pintoresco. Son los personajes víctimas de una desigualdad económica, y por ende social. Es un arte de tipo social”, afirmaba en una ocasión. Y en otro momento: “Mi obra es un termómetro que mide la temperatura de tristezas, desigualdades. Son unos hombres los que aparecen en ella cargados de desilusión por la tragedia social que arrastran. “

 Refiriéndose a su Hombre desilusionado (1946), escribía: “Con la mirada fija y el cora­zón apretado miro al mundo desquiciado. ¿Qué delito habré cometido para verme tan desilusionado? Vivo pobre, maltrecho y de­sesperado, pienso la vida y no encuentro un camino de salida que cambie mi estado. Traba­jé en una mina y terminé agotado y explota­do. Un retiro de cuatro cuartos me dieron que me está acabando. El corazón apenas tiene vida, porque el egoísmo lo está matando”.

Todos los días al llegar casa, Mauro escribía en unas cuartillas reflexiones como ésta, a modo de diario. Eran la expresión, por escrito, de sus vivencias, de sus sentimientos. En ellas se puede apreciar toda una forma de pensar, toda una actitud ante la  vida, en ocasiones con unos acentos solanescos. Sus tallas, sus bocetos y apuntes y esos papeles, eran la liberación de una ira contenida, de su grito de rebeldía contra la injusticia de la sociedad en la que vivía.

Otro de los temas de Mauro Muriedas fue el bestiario relacionado con las tareas del campo, recuerdo de sus años cuidando el ganado en el Faro de Santander. La vaca sobre todo, con un carácter casi totémico, pero también asnos, perros, terneros, cabras… “De pequeño, por mis trabajos, cogí cariño a los animales. Es su mirada de inocencia, de nobleza la que me atraía. Los mismos ojos que ven al hombre que sufre, ven a los animales, y mis formas de expresión necesariamente tienen que ser parecidas. He visto en los animales lo que puedes ver en las personas, una nobleza que te atrae y te lleva a plasmarlo en la escultura”. Con una obra de esta temática, Cabra, obtuvo la medalla de oro del Salón de Otoño madrileño.

En sus dibujos hay muchas maternidades, retratos y escenas de su familia. Están realizados sobre papel y cartón a lápiz, plumilla, carboncillo o bolígrafo. Hay una serie en concreto que está realizada con collages. Con recortes de periódico que incluyen titulares de noticias e imágenes, añadiendo trazos y textos propios,  compone pequeñas situaciones con una agria y  triste carga social. Recuerdan a los del gallego Castelao o a los expresionistas alemanes como Grosz. 

Resultado de su disciplinado quehacer artístico fueron las numerosas exposiciones individuales y colectivas que realizó, más los premios obtenidos, que le granjearon homenajes de felicitación y cariño de sus amigos y artistas. Entre las primeras se deben recordar las ya citadas del Ateneo de Santander en 1934 y 1935, la de la Biblioteca Popular de Torrelavega en 1947, la de la sala Sur santanderina en 1972, la de la Fundación Santillana en Santillana del Mar en 1981, las del Banco de Bilbao en Torrelavega junto a Eduardo Pisano y Jesús Otero en 1976, Algas en  Suances  en 1990 y la que se realizó en Torrelavega cuando se dio su nombre a las Sala de Exposiciones que se inauguró en las antiguas caballerizas junto al actual Teatro Concha Espina. Su obra, paralelamente, estuvo incluida en cuantas colectivas de escultores cántabros se realizaron. Especial mención merece entre los premios obtenidos la medalla del Salón de Otoño de Madrid en 1972.

Entre el costumbrismo y la crítica social, entre la ternura y el contundente expresionismo, Mauro Muriedas puede ser considerado como uno de los artistas de Cantabria más importantes del siglo veinte. Sus valores artísticos estuvieron siempre acompañados por su grandeza humana, confiriendo ambos a su obra el valor que transmiten las verdaderas obras de arte: pasión en su realización, sinceridad, verdad y universalismo.

Sus piezas han pasado a formar parte de importantes colecciones públicas y privadas. La mayoría  de su obra, sin embargo, se encuentra en la casa donde vivió los últimos años en Torrelavega, custodiada por su hijo Maurín. De ella proceden gran número de las creaciones que el espectador puede ver en la exposición, a las que se han añadido algunas pertenecientes a coleccionistas particulares, a quienes agradecemos su cesión.

Son trabajos que corresponden a diferentes épocas de su trayectoria, los primeros años  o las realizadas los últimos, entre ellas una inacabada de una fuerza expresiva rotunda, Martillero en paro. La muestra nos permitirá recordar obras emblemáticas de Mauro como Hombre de mar, Chato el minero, Campesino, Sembradora, Noble, la ya citada Cabra y Maternidad.

 Se ha intentando en varias ocasiones que el Ayuntamiento de Torrelavega  u otra institución se haga cargo de la obra depositada en su casa, catalogándola y creando un museo o Fundación, pero salvo alguna esperanza inicial, el silencio ha sido la respuesta. El centenario de su nacimiento puede ser un buen momento para retomar la idea.

Nota: El catálogo de la exposición se puede descargar aquí en pdf.


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