La soledad, las horas,
la emoción de ver pasar
cómo sentimos cierta culpabilidad,
mientras otras voces
continúan narrando historias
de dulce amor.
Una tarde alguien me dijo
que las figuras sólo descubren
días tan helados
cuando del otro lado del río
las manos sobreviven
como sauces alineados
junto a la niebla.
Tal vez sea cierto,
porque en una ocasión
me entregaste
el primer hielo del invierno,
fue un día tan frío
que sólo los vientos
eran capaces de sentir el sol.
Probablemente ocurriera
de madrugada,
cuando las estaciones
cancelan su ritmo
golpeando un delicado vidrio;
en esa fría noche de primavera,
cuando las nubes se desplazan,
tras una pausa ritual.
Allí donde tan sólo las palabras
pueden enseñar nuestros recuerdos,
la diferencia entre tu inquieto mirar
y la luz del día.
Así da gusto regresar: para que no pueda una caer en las nostalgias postviajeras, nada mejor que encontrar a la vuelta una Grúa reactivada esperándola. Gracias, un abrazo y que no decaiga.
Comentario por Ángeles — 1 julio 2010 @ 23:04
Gracias, Ángeles. También da gusto reencontrarse con los viejos amigos. Este invierno he estado agobiado de trabajo, y no creo que la cosa mejore mucho hasta agosto, pero en fin, a ver si vamos encontrando ratillos perdidos para La Grúa.
Un abrazo.
Comentario por Miguel Ibáñez — 3 julio 2010 @ 12:00
Gracias!
Es bellísimo, me lo voy a releer un montón de veces!
Besos
Comentario por Mita — 8 julio 2010 @ 12:55