No recuerdo ni el nombre de aquel pueblo.
Era un burgo dormido y mesetario
donde entramos a hacer un alto y descansar.
Nos dimos una vuelta por sus calles estrechas
y fuimos a parar a una plaza, en el centro,
pequeña y sombreada por árboles frondosos.
Nos sentamos en una terraza. Los gorriones
daban saltos audaces, al acecho
de las patatas fritas. Luz y sombra se unían
para trenzar extrañas filigranas.
Hacía fresco. Nada más. Nos fuimos
para continuar el viaje. Nunca he vuelto.
Y no recuerdo el nombre de aquel pueblo:
juro que no es un truco literario.
Sin embargo, ya llevo mucho tiempo
intentando dar forma a este poema.
No encuentro las palabras que den fe
de aquella paz callada, aquel sosiego
bajo la sombra. El tiempo y los recuerdos huyen,
pero hay lugares como aquel villorrio
que insisten en quedarse en la memoria
porque tal vez nos han sido otorgados
como señal. Nos salen al encuentro.
Esperan. Pasan años a veces sumergidos
en nuestros pensamientos, como en un lago turbio,
pero de pronto afloran. Y entendemos,
hasta donde podemos entender,
que aquello que está fuera del tiempo y de la muerte
se digna aparecer cuando no lo esperamos
para ofrecerse, y traza signos y nos dirige
con amable inquietud, con belleza que alerta.
Galantería
Imperfección
Un alto en el camino
Son unos títulos preciosos.
Me ha hecho sentir curiosidad Galantería, cómo iba a concluir, empecé leerla con inquietud.
Es estupendo las sensaciones que evocan pocos versos.
Cada vez que comienzo a leer poesía, me aplico a mí misma las palabras que un día oí a Luis Antonio de Villena. Comentaba-en resumen- que cuando uno hace un lectura pública de poemas, debe , si va a leer uno breve, advertir al público, para tener de antemano su atención (y no que se acabe el poema y el oyente ni se ha puesto en estado mental de escuchar -sonrisa).
Pues cuando vi “Galantería”, ya de antemano me puse en posición de leer lentamente y disfrutar los versos.
Gracias. He ido revisando tus entradas porque en mi lista de blogs no me ha aparecido hasta ahora que habías hecho una actualización.
Besos
Comentario por Mita — 14 septiembre 2010 @ 7:17
Gracias por tus lecturas: el mejor premio para un poeta son sus lectores. Pienso, como Poe, que un poema debe ser breve e intenso. Que lo consiga siempre es otra cosa, pero intentarlo es precisamente lo que más atrae de la escritura poética.
Comentario por Miguel Ibáñez — 14 septiembre 2010 @ 7:27