Este poema de Auden lo recitaban en la película Cuatro bodas y un funeral, y quedaba bien en el momento de la película en que lo recitan, pero como no he encontrado ningún vídeo con esa escena, me ha parecido que acompañarlo con la Suite nº 1 para cello de Bach interpetada por Pau Casals tampoco queda mal del todo.
Y es que precisamente me acordé del poema de Auden escuchando a Bach: los dos últimos cuartetos son de una belleza estremecedora, como la Suite.
Parad vuestros relojes, descolgad el teléfono,
dadle al perro un buen hueso para evitar que ladre.
Que callen los pianos y, al ritmo del timbal amortiguado,
el féretro sacad, y vengan los que lloran.
Que avionetas de luto nos rodeen
y escriban en el cielo que él ha muerto.
Poned crespón al cuello blanco de las palomas
y guantes negros a los policías.
Porque él era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste,
semana de trabajo, descanso del domingo,
mis tardes y mis noches, mi charla y mi canción.
Pensé un amor eterno: estaba equivocada.
No quiero las estrellas; hoy podéis apagarlas;
empaquetad la luna y llevaos el sol.
Dejad sin agua el mar, sin árboles los bosques,
pues ya nada podrá acabar bien nunca.
Versión de Álvaro García, editorial Pre-textos, 1993.