La Grúa de Piedra. Literatura y malas artes

18 Septiembre 2007

Trabajar cansa. Cesare Pavese

Archivado en: Pavese — Etiquetas: — Miguel Ibáñez @ 17:11

Los dos, tendidos sobre la hierba, vestidos, se miran a la cara

 

entre los tallos delgados: la mujer le muerde los cabellos

 

y después muerde la hierba. Entre la hierba, sonríe turbada.

 

Coge el hombre su mano delgada y la muerde

 

y se apoya en su cuerpo. Ella le echa, haciéndole dar tumbos.

 

La mitad de aquel prado queda, así, enmarañada.

 

La muchacha, sentada, se acicala el peinado

 

y no mira al compañero, tendido, con los ojos abiertos.

 

Los dos, ante una mesita, se miran a la cara

 

por la tarde y los transeúntes no cesan de pasar.

 

De vez en cuando, les distrae un color más alegre.

 

De vez en cuando, él piensa en el inútil día

 

de descanso, dilapidado en acosar a esa mujer

 

que es feliz al estar a su vera y mirarle a los ojos.

 

Si con su piel le toca la pierna, bien sabe

 

que mutuamente se envían miradas de sorpresa

 

y una sonrisa, y que la mujer es feliz. Otras mujeres que pasan

 

no le miran el rostro, pero esta noche por lo menos

 

se desnudarán con un hombre. O es que acaso las mujeres

 

sólo aman a quien malgasta su tiempo por nada.

 

Se han perseguido todo el día y la mujer tiene aún las mejillas

 

enrojecidas por el sol. En su corazón le guarda gratitud.

 

Ella recuerda un besazo rabioso intercambiado en un bosque,

 

interrumpido por un rumor de pasos, y que todavía le quema.

 

Estrecha consigo el verde ramillete -recogido de la roca

 

de una cueva- de hermoso adianto y envuelve al compañero

 

con una mirada embelesada. Él mira fijamente la maraña

 

de tallos negruzcos entre el verde tembloroso

 

y vuelve a asaltarle el deseo de otra maraña-

 

presentida en el regazo del vestido claro-

 

y la mujer no lo advierte. Ni siquiera la violencia

 

le sirve, porque la muchacha, que le ama, contiene

 

cada asalto con un beso y le coge las manos.
Pero esta noche, una vez la haya dejado, sabe dónde irá:

 

volverá a casa, atolondrado y derrengado,

 

pero saboreará por lo menos en el cuerpo saciado

 

la dulzura del sueño sobre el lecho desierto.

 

Solamente -y esta será su venganza- se imaginará

 

que aquel cuerpo de mujer que hará suyo

 

será, lujurioso y sin pudor alguno, el de ella.

 

Versión de Carles José i Solsora
Tomado de http://www.amediavoz.com/

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Cesare Pavese

Archivado en: Pavese — Etiquetas: — Miguel Ibáñez @ 17:06

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino. 

Versión de Carles José i Solsora

 

Pavese, Tarkovsky y Morricone

Archivado en: Morricone, Pavese, Tarkovsky — Etiquetas: — Miguel Ibáñez @ 17:01

De nuevo el viaje de Stalker, pero ahora con el sonido de fondo del poema de Cesare Pavese “Lavorare stanca”, y música de Ennio Morricone.
No se puede pedir más.

Cesare Pavese – Verrà la morte e avrà i tuoi occhi – Darfur

Archivado en: Pavese — Etiquetas: — Miguel Ibáñez @ 16:52

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