Homenaje de Jiménez Lozano a Unamuno en la Universidad Francisco de Vitoria
MADRID.- El ‘Cervantes’ José Jiménez Lozano (Ávila, 1930) ha dedicado hoy a Miguel de Unamuno y a su obra “San Manuel Bueno, mártir” su discurso de ingreso como doctor Honoris Causa por la Universidad Francisco de Vitoria, una intervención que ha abierto además el curso académico en esa institución.
“Siempre que recibe un honor así lo hace con sorpresa y, sobre todo, agradecimiento por la atención que se le dedica, lo más importante que podemos ofrecer y recibir”, ha explicado antes de pronunciar su discurso el homenajeado, que obtuvo el premio Cervantes en 2002.
El autor de “Los cementerios civiles y la heterodoxia española” ha elegido a Unamuno y a su “San Manuel” porque le parece un texto “para decir muchas cosas” en un momento en el que “el texto literario recibe una lectura privilegiada o exclusivamente ideológica”.
“Cuando apareció la obra de Unamuno lo que decía fue muy polémico y poco explicado y durante todo este tiempo ha continuado igual. Necesitaba unas cuantas matizaciones que lo contextualizaran”, ha precisado Jiménez Lozano, que recupera en su discurso las obras y corrientes que atravesaban Europa en el primer tercio del siglo pasado.
La novela, que apareció en el número 461 de la colección “La Novela de Hoy” el 13 de marzo de 1931, cinco meses después de que Unamuno visitara el Lago de Sanabria, sugerido en el paisaje incógnito de la narración, se inscribe en un tiempo sembrado “de heridos y muertos o de agonizantes por mor de la razón y el cristianismo, de intensos dramas personales religiosos”.
Su conclusión acerca de la obra es que la novela, a pesar de su estructura formal, tiene más bien un carácter “onírico, espiritual”.
Tampoco contiene la obra “ninguna agonía religiosa y, en realidad, ningún problematismo de la razón ni de la vividura de la fe. Se trata de una historia en la que el drama de su protagonista, un sacerdote sin fe, es que ha de aparentarla para que sus feligreses no la pierdan, porque la necesitan; y se ajusta a una idea de la fe como subjetividad”.
Unamuno, sostiene Jiménez Lozano, tiene “el problema del siglo”, es decir la tensión de la dialéctica entre razón y fe. ”Pese a ello, parece que él no lo sufre y ha decidido que los demás tampoco creen pero que aceptan el juego como si se tratara de una cuestión política”.
El protagonista de “San Manuel”, don Manuel, defiende la religión tradicional tratando de mantener en ella al pueblo “por razones empíricas; esto es, para que las gentes sencillas se consuelen y vivan, como en un fraude o un láudano piadosos, y éste es un cálculo político”, afirma que fuera director de “El Norte de Castilla” de 1992 a 1995.
El sacerdote no tiene fe y tampoco está claro que quiera tenerla pero “engendraría y sostendría la fe de sus fieles con su reparto de consolación. Exactamente como ‘La Tía Tula’no tiene hijos pero acaba por ser la gran madre, la matriarca de todos”.
“San Manuel Bueno, mártir”, entre todas las obras que se refieren a la crisis de la cristiandad burguesa, es la única, añade el homenajeado, que torna los trasuntos literarios que se refieren a los “intensos dramas humanos” en algo “onírico, símbolo estético, o fábula moral equívoca, sentimentalismo lírico-religioso, y juego lingüístico”.


