La Grúa de Piedra. Literatura y malas artes

13 Octubre 2008

Jiménez Lozano habla de Unamuno

Archivado en: Jiménez Lozano, Literatura, Unamuno — Miguel Ibáñez @ 11:36

Recupero esta noticia de El Mundo de Castilla y León de hace unos días porque en ella Jiménez Lozano habla de Unamuno. Jiménez Lozano es el último jansenista vivo, y eso ya sería motivo para hacerle un homenaje, y más si situamos su jansenismo en el contexto del catolicismo español; y Unamuno, en fin, Unamuno aquí sería nuestro santo patrón si practicáramos ese tipo de cultos.

Homenaje de Jiménez Lozano a Unamuno en la Universidad Francisco de Vitoria

EFE

MADRID.- El ‘Cervantes’ José Jiménez Lozano (Ávila, 1930) ha dedicado hoy a Miguel de Unamuno y a su obra “San Manuel Bueno, mártir” su discurso de ingreso como doctor Honoris Causa por la Universidad Francisco de Vitoria, una intervención que ha abierto además el curso académico en esa institución.

“Siempre que recibe un honor así lo hace con sorpresa y, sobre todo, agradecimiento por la atención que se le dedica, lo más importante que podemos ofrecer y recibir”, ha explicado antes de pronunciar su discurso el homenajeado, que obtuvo el premio Cervantes en 2002.

El autor de “Los cementerios civiles y la heterodoxia española” ha elegido a Unamuno y a su “San Manuel” porque le parece un texto “para decir muchas cosas” en un momento en el que “el texto literario recibe una lectura privilegiada o exclusivamente ideológica”.

“Cuando apareció la obra de Unamuno lo que decía fue muy polémico y poco explicado y durante todo este tiempo ha continuado igual. Necesitaba unas cuantas matizaciones que lo contextualizaran”, ha precisado Jiménez Lozano, que recupera en su discurso las obras y corrientes que atravesaban Europa en el primer tercio del siglo pasado.

La novela, que apareció en el número 461 de la colección “La Novela de Hoy” el 13 de marzo de 1931, cinco meses después de que Unamuno visitara el Lago de Sanabria, sugerido en el paisaje incógnito de la narración, se inscribe en un tiempo sembrado “de heridos y muertos o de agonizantes por mor de la razón y el cristianismo, de intensos dramas personales religiosos”.

Su conclusión acerca de la obra es que la novela, a pesar de su estructura formal, tiene más bien un carácter “onírico, espiritual”.

Tampoco contiene la obra “ninguna agonía religiosa y, en realidad, ningún problematismo de la razón ni de la vividura de la fe. Se trata de una historia en la que el drama de su protagonista, un sacerdote sin fe, es que ha de aparentarla para que sus feligreses no la pierdan, porque la necesitan; y se ajusta a una idea de la fe como subjetividad”.

Unamuno, sostiene Jiménez Lozano, tiene “el problema del siglo”, es decir la tensión de la dialéctica entre razón y fe. ”Pese a ello, parece que él no lo sufre y ha decidido que los demás tampoco creen pero que aceptan el juego como si se tratara de una cuestión política”.

El protagonista de “San Manuel”, don Manuel, defiende la religión tradicional tratando de mantener en ella al pueblo “por razones empíricas; esto es, para que las gentes sencillas se consuelen y vivan, como en un fraude o un láudano piadosos, y éste es un cálculo político”, afirma que fuera director de “El Norte de Castilla” de 1992 a 1995.

El sacerdote no tiene fe y tampoco está claro que quiera tenerla pero “engendraría y sostendría la fe de sus fieles con su reparto de consolación. Exactamente como ‘La Tía Tula’no tiene hijos pero acaba por ser la gran madre, la matriarca de todos”.

“San Manuel Bueno, mártir”, entre todas las obras que se refieren a la crisis de la cristiandad burguesa, es la única, añade el homenajeado, que torna los trasuntos literarios que se refieren a los “intensos dramas humanos” en algo “onírico, símbolo estético, o fábula moral equívoca, sentimentalismo lírico-religioso, y juego lingüístico”.

12 Abril 2008

Carta a un pastor evangélico. Miguel de Unamuno

Archivado en: Literatura, Unamuno — Miguel Ibáñez @ 6:14
Retrato de Unamuno en el Ateneo de Madrid

 

Reproduzco un interesante artículo que publica Juan Antonio Monroy en Protestante Digital:

El texto que sigue fue escrito por el eminente filósofo y literato español Miguel de Unamuno a José M. Ripoll, pastor evangélico español residente en Cuba.
La carta fue redactada en torno a 1915. Huelga todo comentario introductorio.
Lo que dice Miguel de Unamuno se entiende a la perfección y se explica por sí mismo.  

«Sr. D José M. Ripoll.

— Muy señor mío:

Le agradezco mucho su carta, y me conforta y corrobora el ánimo el ver cómo a largas distancias sienten la solidaridad que los une, los hombres todos que trabajan por que venga a la tierra el reino de Dios. Y me anima más aun el recibir voces de aliento de un país que, como ése, fue, hasta no ha mucho, de mi querida España, y ésta, por sus culpas, lo perdió. Y creo que España, la verdadera España, la España íntima y espiritual, ha ganado mucho con verse reducida al solar de sus abuelos. Tal vez hemos perdido América para mejor ganarla, como deben ganarse los pueblos, mutuamente y comulgando en la cultura. Quiero, en efecto, creer y esperar que la pérdida de las últimas posesiones ultramarinas de la Corona española sea para España, recogida en su hogar, principio de una nueva vida. Nuestra Historia ha sido un sueño, y en ninguna parte pudo mejor que aquí brotar el aforismo calderoniano. Después de ocho siglos de reconquista y cuando parecía que íbamos a entrar en vida de paz y de trabajo, el descubrimiento de América abrió nuevo campo a nuestro espíritu de aventuras, y vertimos sangre y alma entre generosidades y rapacidades. Dejamos ahí mucho de nuestro corazón y trajimos todo el oro que pudimos. Como he dicho hace poco en Gijón, fuimos a conquistar tierras con la espada en la diestra y en la izquierda el crucifijo, sólo que cambiamos alguna vez de mano y erigimos en alto la espada, golpeando con el crucifijo; peleando a “cristazos”. Y lo estamos pagando. Sin embargo, si a la Magdalena se le perdonó porque amó mucho, habrá que perdonar a España, por grandes que hayan sido sus yerros. Y aquí se observan síntomas de despertar. Por debajo de lo que llaman cuestión religiosa y no lo es, sino sólo político-eclesiástica; por debajo de ella empieza a asomar la cuestión real y verdaderamente religiosa; la de la emancipación de la conciencia cristiana para los que no nos satisfacemos con aquello del Catecismo de: “Eso no me lo preguntéis a mí que soy ignorante; doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder”. De esto acabo de hablar en Gijón.

Hace dos años, en Cartagena, dije que nos hacía falta en España una Reforma, una Reforma nuestra, indígena, española, no de traducción, pero que fuera a nosotros lo que la Reforma del siglo XVI fue a los países germánicos, escandinavos y anglosajones. Hay que cristianizar a España, donde aún persisten las formas más bajas del paganismo, sancionadas, de ordinario, por la Iglesia. Voy por pueblos y ciudades predicando contra la mentira, que es lo que aquí nos mata, y diciendo en todos tonos que vale más error en que de buena fe se cree que verdad en que no se cree. Y se me respeta. No hace aún dos años, se me tenía por muchos como un extravagante: empiezan a tomarme más en serio, y espero, con la ayuda de Dios, hacer que las gentes se acostumbren a oír con calma ciertas cosas.

Es cosa necia esta bárbara intolerancia que nos corroe, y sobre todo, el miedo a la verdad, el miedo a afrontar el misterio, el miedo a pensar por sí. Se ha acostumbrado aquí a las gentes a que lo tomen todo hecho, y sólo piden dogmas, fórmulas, recetas. Me decía uno: “Yo no quiero saber de medicina, ni dónde tengo el hígado, ni para qué me sirve, porque eso me haría aprensivo; ahí está el médico, que lo estudie y me cure o me mate. Tampoco quiero inquietarme en averiguar lo que haya de Dios, de Cristo y de otra vida; el meterme en esas honduras sólo me trae desasosiegos, y necesito mi tiempo para ganarme la vida; ahí está el cura, que lo estudie él, pues se le paga para eso, y lo que él me diga, bien está”. Y le dije: “Está usted podrido de pies a cabeza”. La buena nueva en España se reduce a estas palabras: ¡No deleguéis! Porque aquí se delega todo, y domina la anarquía porque nadie se toma el trabajo de mandar racionalmente. Mi labor es de inquietar espíritus. Inútil sembrar trigo en una era; los granos se pudren o se los comen los pájaros. Antes de la siembra hay que arar y abonar el suelo. Y en España hay que arar los espíritus y abonarlos, inquietarlos y hacerlos fermentar. Llevan siglos de barbecho, y aquí hay que añadir, a las ya conocidas, una obra de misericordia, cual es la de “despertar al dormido”. Porque si no, se le quema la casa, y él con ella.

En vez de darnos una luz, la del Evangelio, para que con ella nos abriésemos por nosotros mismos nuestro sendero a través de la selva del mundo, se nos metió en un carro desvencijado y se nos lleva en él, dando tumbos, por caminos que no conocemos y a oscuras. Y la ociosidad espiritual nos lleva a todo género de excesos. Esto he dicho en Gijón. Es preciso que desaparezca esa vergüenza de que en un país que se dice cristiano, y donde los 9.999 por cada 10.000 no han leído el Evangelio, sirva éste todavía para que lo recorten en pedacitos —el texto latino—, los cierren en unas bolsitas bordadas por monjas, y llenas de lentejuelas y las cuelguen del cuello de los niños a guisa de amuleto; y ese otro de que las mujeres al sentirse con los dolores del parto se traguen una cintita de papel con una jaculatoria.

Y cuando se denuncia esto entre sacerdotes, le salen a usted con que son cosas inocentes y que, si bien sean supersticiosas, no conviene ir contra ellas, pues proceden de buena fe. ¡Vaya una buena fe! Si me pusiera a escribirle de esto no acabaría nunca, y así es mejor que corte esta carta. Quería usted que le dijese algo del estado religioso de España…

¡Es tanto lo que hay que decir! Aquí se pasa de la más fanática e intolerante ortodoxia católica al más burdo y torpe librepensamiento, que ni es libre ni es pensamiento, y ello es casi forzoso. Pero creo que alborea alguna otra cosa. Y por lo menos el deber de todo buen español es trabajar por ello.

Le saluda su afectísimo s. s.,

Miguel de Unamuno.»

18 Octubre 2007

Curso en la Universidad de Salamanca: Nociones históricas y literarias del protestantismo

Archivado en: Literatura, Unamuno — Miguel Ibáñez @ 16:29

Reproducimos esta noticia del boletín ACPress, por si alguien está interesado y puede acudir al curso:

 

 

Unamuno: reencuentro con los protestantes en “su” aula de Salamanca

 

 

SALAMANCA, 14/10/2007 (ACPress.net)  

Los próximos 24 al 31 de octubre se celebrará en la Universidad de Salamanca un curso sobre las Nociones Históricas y Literarias del Protestantismo en la sociedad española. El curso, que constará de 20 horas lectivas y una validez de 2 créditos de libre elección, se impartirá en el Aula Miguel de Unamuno, en el Edificio Histórico.

Miguel de Unamuno es el nombre que recibe una de las aulas de la Facultad de Salamanca, y su nombre va unido al protestantismo español. De hecho, da nombre al premio que cada año otorga Protestante Digital en honor a la persona que haya contribuido de alguna manera a la labor de los protestantes en España.

Aparte de esto, Miguel de Unamuno fue alguien que durante su vida mantuvo una actitud crítica hacia el protestantismo español en algunos aspectos, pero a la vez se relacionó en su afición epistolar con conocidos líderes evangélicos, y acudió a varios de sus actos como invitado. También es de destacar que aprendió el danés para leer al teólogo y pastor protestante de este país, Sören Kierkegaard.

En definitiva, se relacionó desde la normalidad de la convivencia -con sus diferencias y puntos comunes o de interés- con los cristianos evangélicos o protestantes de su tiempo, a la vez que supo luchar y sufrir por sus amigos protestantes, especialmente el salmantino Atilano Coco, pastor de la IERE (Iglesia Española Reformada Episcopal, Comunión anglicana) que fue fusilado por las fuerzas de Franco junto con el alcalde de la ciudad y dos concejales en 1936, al comienzo de la Guerra Civil.

El delito de Coco, íntimo amigo de Miguel de Unamuno quien luchó por salvarle la vida, fue pertenecer a una iglesia protestante y, por tanto, enemiga del régimen; además de ser masón. El comocido y fuerte discurso de Unamuno en la inauguración del curso académico que le enfrentó al general Millán Astray estaba garabateado en el sobre de la carta que le acaba de entregar la esposa de Atilano Coco, en la que le anunciaba la negativa de Franco de perdonar a su esposo a pesar de la intercesión de Unamuno; siendo fusilado el pastor salmantino poco después.

Ante el conocido discurso público de Unamuno en el que acusa al régimen de Franco de que “vencer no es convencer” se levanta y grita Millán Astray en medio de la sala «¡Viva la muerte!», «¡Mueran los intelectuales!» , «Muera la inteligencia!»…
Así pues, el hecho de elegir este aula Miguel de Unamuno para este curso tiene un hondo significado y es un acierto por la vinculación del conocido intelectual español con el protestantismo de su tiempo. Además, como pasamos a relatar, está impartidas por un abanico de intelectuales protestantes expertos en sus respectivos temas que aseguran un gran nivel al contenido.

CONTENIDO DEL CURSO
El Director del curso es Alfredo Pérez Alencart, escritor y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales. El curso está compuesto por diferentes conferencias:

- Miércoles 24, a las 19´00 horas: Conferencia inaugural a cargo del escritor y periodista Gabino Fernández Campos. Gabino es Director del Centro de Estudios de la Reforma (CER) y impartirá “La defensa de la lengua castellana en las traducciones bíblicas del Siglo de Oro”.

- Jueves 25, a las 17 horas: “La formación de una mentalidad de intolerancia hacia el protestantismo”; a cargo de la profesora de Historia de la Universidad de Vigo, Evangelina Sierra.

- Jueves 25, a las 19 horas: “Jorge Borrow y el inicio de la presencia protestante en Salamanca”: por el profesor de Instituto y Presidente de la Asociación Cultural Jorge Borrow, Rubén Luguilde Yepes.

- Viernes 26, 12-14 horas y 16 a 18 horas, taller “Escritores olvidados de Castilla y León (Siglos XVI-XX)”: por Gabino Fernández Campos.

- Lunes 29, 17 horas: “Evangélica memoria”. Tres novelas sobre la persecución de los evangélicos en Galicia: por Xavier Alcalá
Escritor y periodista gallego.

- Lunes 29, 19 horas: “Las aves del cielo y la tradición y la tradición bíblica en la poesía de José Jiménez Lozano”, por S. Stuart Park, Escritor y Doctor en Filología Española por la Temple University (EE.UU.)

- Miércoles 31, 17 horas: “Manuel Azaña y los protestantes”. Sobre su traducción castellana de “The Bible in Spain”, de Jorge Borrow. Timoteo Glasscock. Pastor inglés. Licenciado en Derecho por la Oxford University.

- Miércoles 31, 19 horas: Conferencia de clausura. “Todos protestantes. Unamuno y el protestantismo”. Alfredo Pérez Alencart, Escritor y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca.

El precio de la matricula para estudiantes de la Usal es de 40 euros. La inscripción se puede hacer a través de www.usal.es/precurext. Para más información pueden escribir a: alen@usal.es. Colaboran el Centro de Estudios de la Reforma y la Asociación Cultural Evangélica Jorge Borrow, 75 Aniversario Iglesia Evangélica.

Del 24 octubre al 15 noviembre tendrá lugar la exposición “Escritores olvidados de Castilla y León” (Siglos XVI-XX) en la Casa – Museo Unamuno, salón Rectoral. En calle Libreros, 25 de Salamanca.

Fuente y redacción: ACPress.net

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